Tardes de árnica y salamanquesas

Sábado de otoño por la tarde. Descubres que necesitas comida para tus gatos y, de algún modo, vences la pereza y coges el coche hasta una tienda grande a la afueras.
Allí es normal encontrarse con un puesto de protectoras de animales, principalmente para gatos y perros, pero ayer la protagonista iba a ser una amiga de otra especie, que iba a cambiar mi planificación mensual de posts…
Ya estaba a punto de irme, recogiendo los tres millones de latas que mis guerreros zampan a diario, cuando escuché cómo la chica de la protectora buscaba aceite para «alguien», porque no podía moverse… Entendí que era ella quien no podía moverse y dejar el puesto solo, así me acerqué para ver si podía echarle un cable en algo.
Y aquí es donde conocí a mi pequeña amiga: no era la chica quien no se podía mover, sino una pequeña salamanquesa rosada -como descubrí más tarde- que había quedado atrapada en una trampa adhesiva.

He de confesar que me quedé impactada, no ya por la fuerza que desprendía aquel pequeño reptil, sino porque aquella chica no había mirado a otro lado y había decidido que esa vida merecía el esfuerzo. Me contó que había conseguido soltarle la cabeza y la cola con un plástico rígido, pero las patas seguían pegadas y por eso había pensado en conseguir aceite.

Por suerte al lado hay un centro ecológico, así que allí me dirigí sin saber qué tipo de aceite comprar. ¿Sería tóxico para la pequeña? ¿Y cuál es el mejor para aclarar el pegamento?

Google no es que ayude mucho para encontrar respuestas a la búsqueda «aceite-no-tóxico-reptiles», y la encargada de la tienda menos aún (el gel de aloe vera no iba a ayudar…), de modo que me encomendé a mis escasos conocimientos vegetales y elegí un aceite de árnica. ¿Por qué?

Árnica es una de las esencias del sistema floral del Mediterráneo, o esencias de nueva generación. Aunque es muy conocida en cosmética y fisioterapia, por sus propiedades sobre las fracturas y heridas, su esencia tiene muchos más usos.

Similar a Estrella de Belén, del sistema Bach, nos ayuda en momentos traumáticos y de shock, como un accidente, un choque emocional… o haberse quedado atrapado en una trampa (qué gran metáfora).

En caso de heridas, ayuda en la cicatrización y el dolor que puedan causar, y también resulta muy útil en los procesos de desintoxicación (o sustancias tóxicas que se nos han «pegado»), tras una cirugía o un parto.

Nos aporta orientación y vitalidad a nivel emocional, y nos ayuda a regenerar especialmente el nivel físico, cuando tememos por nuestro cuerpo.

Tras varios minutos, bastante tensos por cierto, nuestra salamanquesa quedo libre de la pegajosa trampa. Intentamos que no quedara especialmente bañada en aceite, pero acabó más hidratada de lo que nos hubiera gustado… Aunque a juzgar por el salto que pegó y la velocidad de su carrera, a priori parece que el aceite no resultó demasiado tóxico para su cuerpecillo.

Tuvo el detalle de quedarse un momento rezagada bajo un taburete y girar la cabeza, como si nos dirigiera una sonrisa, antes de salir despedida tras unas cajas.

Mi pequeña amiga rosa: espero que todo haya quedado en un susto.

Y a la persona que decidió salvarte a toda costa, gracias infinitas. Su protectora es ACUNR, y si quienes conforman la asociación tienen el mismo corazón, los galgos de Arganda tienen ángeles a su lado.

Comentarios

  1. Vicky 5 noviembre, 2017 at 8:07 pm

    Que maravilla de tarde de sábado, que lindo TODO, TODO, TODO!!!!

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