‘Stranger Things’ que te ocurren cuando vives con gatos negros

Cada vez que entro en casa tengo a mis tres gatos esperando en la puerta, para salir lanzados al rellano y enredar conmigo.
Una de esas tardes coincidieron con nuestro vecino; él no había tenido la fortuna de conocerles ni saber de su existencia, y sin mucho más me dijo «¡Cómo tienes gatos negros, si traen mala suerte!»

Creo que no pasaron ni tres milésimas de segundo cuando por mi boca salió un firme «Lo que trae mala suerte es la ignorancia».
Cogí a mis compañeros y los metí en casa, mientras dejaba al vecino intentando justificarse…
Pocas veces he dado una respuesta tan rápida desde la más pura emoción Vine en desequilibrio, y aunque me encantaría decir que siento haberle espetado aquello al pobre hombre, la verdad es hoy volvería a soltarle lo mismo… Deber ser que aún tengo mucho que trabajar….

El Dr. Bach decía que la mayor lección de nuestra vida es la de ser libres y de hecho, no hay mayor prisión que el miedo. El miedo nos hace pequeños y no nos permite entender ni ver más allá; creo que es la más temible herramienta de manipulación y control, y desde luego lleva a la ignorancia.
Los gatos eran considerados dioses en Egipto, y en sus siglos de imperio, la cultura y el conocimiento alcanzaron las cotas más altas de la Historia.

Curiosamente, fue en la Edad Media, la época de mayor ostracismo, cuando comenzó la caza del gato negro, un patrón inconsciente que más de diez siglos después sigue vivo.

Aunque siempre he sentido atracción por la elegancia de los gatos negros, no les elegí por su color, al menos no de una manera consciente, simplemente fueron llegando a mi vida.
Lo único que me han traído ha sido suerte, conocimiento, compasión, entendimiento de otro mundo posible. Y claro que me han ocurrido un montón de cosas extrañas con ellos, pero en todas, me han protegido.

Por dónde comenzar…

Nala llegó a mi vida siendo un cachorro de unas seis semanas. Desde entonces no ha dejado de cambiarla, desde lo más grande hasta los detalles más pequeños.
Cuando olvido poner el despertador, empieza a maullar a mi lado a la hora que debería levantarme, pero sólo lo hace cuando tengo que ir a trabajar, nunca si es festivo.
A veces dejo cosas en la cocina y me olvido, o tengo una vela encendida de la que no me acuerdo al acostarme. Nala empieza a maullar de una forma muy insistente, hasta que caigo en lo que me he dejado puesto por ahí.

Mojito es mi gran protector, de lo que veo y de lo que no soy capaz de ver. Cuando traigo trabajo de la oficina y considera que ya he llegado al límite, se planta delante de la pantalla con cara de pocos amigos, y no cambia el gesto hasta que apago el ordenador.
Ese comportamiento llegó a su extremo más increíble un día en el que estuve a punto de enviar un correo profesional, del que me podría haber arrepentido mucho, pero mucho mucho (no como de la contestación al vecino).
Mojito se sentó encima del teclado sin que hubiera forma humana de quitarle; aunque le moviera, seguía saltando al ordenador, hasta que hubo un momento en que miró fijamente y me hizo consciente del tono que estaba usando en aquel correo. Sólo entonces, se apartó y se fue a dormir.
Pasaron diez minutos hasta que pude asimilar aquello que acababa de vivir.

Tanto Nala como Mojito han conseguido que deje de tener sueños extraños y pesadillas, algo que arrastro desde niña. En las pocas veces que las tengo, me despiertan dándome con la pata en la cara y, con un lametón, hacen que lo viva de otra manera. Y anoche Horus se unió al clan.
Mi anciano guerrero ha decidido dormir sólo en el salón desde octubre, no sé si como parte de su proceso o por no incordiar (es un Centaury de libro).
Hasta hoy, porque cuando me he despertado en mitad de la noche, en una de las pesadillas más desagradables y reales que he vivido, Horus estaba junto a mí. Me ha dado con la cabeza y se ha quedado a mi lado hasta que me he vuelto a dormir. Cuando me he despertado por la mañana, le he dado las gracias, se ha bajado de la cama y se ha vuelto a la suya en el salón.

Estas son algunas de las cosas extrañas que vivo con mis gatos negros.
Si la gente tiene miedo de cosas así, quizá deban plantearse si necesitan mirar dentro de sí mismos, comprender los límites que se han autoimpuesto y preguntarse: ¿a qué le tengo miedo realmente?

Comentarios

  1. Dolo 26 diciembre, 2017 at 7:34 pm

    Me encanta, muyyyy muchooooo. Convivo también con tres gatos negros y mi peor suerte sería, no disfrutar de ellos.

    • Esencias y huellas 28 diciembre, 2017 at 7:37 am

      Con tres gatos negros y un montón de animales mágicos!! Winston sí que es un ejemplo de conexión con ellos, gracias por existir

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