Si me atas en la calle, me dejas expuesto a todo

Hemos querido titular así este post, con la esperanza de llegar a aquellas personas que, por desconocimiento, dejan tranquilamente a sus compañeros perrunos atados en la calle, para ir a comprar el pan, entrar en el supermercado, o incluso, para tomarse una caña en el bar. Quiero pensar que no son conscientes de los peligros que acarrea esta acción, y deseo de corazón que puedan leer estas palabras. Porque al final de ellas, encontrarán una historia positiva.

Al igual que el planeta está lleno de seres increíbles, también lo está de personas desaprensivas, que por su grado de evolución, se dedican a la explotación animal en uno de sus sentidos más horrendos: la cría de perros de raza, y las peleas de canes.

Algo que parece del siglo pasado, por desgracia ha vuelto, o quizá nunca se fue y aunque nos parezca inconcebible, hay quienes disfrutan de ello. Un pequeño de las mal llamadas razas peligrosas (de lo maravillosos que son en realidad, hablaremos en otro post), o simplemente un cachorro que desarrollará una complexión fuerte, supone un reclamo para estos personajes; porque, por muy fuerte que sea, al estar atado, les quitas su movimiento.
Otro punto lo suponen los criadores sin regulación, que buscan especialmente perros de moda y pequeños, que pueden llevarse sin esfuerzo alguno. Pararé aquí, porque no soy sinceramente capaz de la historia que hay por detrás,…

Os pido con todo el corazón que no dejéis a vuestros perros fuera, sin atención, solos y expuestos ante cualquier desalmado. No porque me centre en la responsabilidad que os seguirá toda la vida, sino porque un animal inocente pasará la suya en unas condiciones que no merece, como ser increíble que nació para ser el guardián en esta tierra.

Ahora, quiero compartir con vosotros una historia que he vivido estos días de atrás (os doy permiso para llamarme ingenua). Cada tarde, al volver a casa, paso por un colegio donde últimamente veía un cachorrete maravilloso atado, buscando entre los arbustos a sus humano; entiendo que sería el tradicional regalo de Reyes, que llevan a recoger a los peques al cole.

Harta de ver al pobre animal, me acerqué a él y me saltó como loco a las piernas. Varias familias se me acercaron y me dijeron que llevaban ya tiempo viéndole esperar y, mientras unas me decían que era peligroso dejarle allí, otras me decían que era monísimo (que lo era) y que les encantaba verle toda la tarde. Así que muy amablemente compartí con este segundo grupo mis preocupaciones, ante lo que se quedaron de hielo, comentando que no eran conscientes.
De modo que esperé hasta que salió el humano con dos niñas, y me acerqué a él para explicarle quién era, y el motivo por el que estaba allí. Como buena Aries, mi cuerpo me pedía decirle que era un descuidado… vale, en realidad quería decirle un «¡¡es usted consciente del peligro al que somete a su perro!!!!!», pero en mi experiencia, esta actitud no me ha valido mucho…

Como no sabía cuánto tiempo me iba escuchar, le expliqué lo más rápido y amablemente que pude la situación de robos de perros en Madrid. Me dijo que sí, que iba a tener cuidado; cogió el perro y se fue.

Me quedé un poco chafada, pensando que me había ignorado, pero para mi sorpresa, no he vuelto a ver al cachorrete atado. Es posible que ahora lo deje en otro sitio, pero quiero pensar que lo entendió, y que ahora o bien entra con él al colegio, o bien lo deja en casa mientras recoge a las niñas.

De momento, quiero agradecer a quienes han llegado hasta aquí, a quienes han cambiado su conciencia con estas palabras, y al bombón de color canela maravilloso, que ha inspirado este post: te deseo la más feliz de las vidas junto a tu familia humana.