La magia de las palabras

Al día pasan por nuestra cabeza miles de pensamientos, gran parte de ellos convertidos después en palabras, en mensajes que lanzamos al mundo sin dedicarle muchas veces la atención que merecen. ¿Somos realmente conscientes de la importancia que tienen la palabras que elegimos?

En los procesos de Coaching se dice que el lenguaje nunca es inocente, y es cierto. Siempre que elegimos una palabra, una expresión, hay algo detrás, muchas veces inconsciente, pero que va a tener un impacto directo sobre nuestro mundo: va a generar una nueva realidad.
Cada palabra que pronunciamos tiene un impacto directo sobre quienes nos rodean y sobre nosotros mismos. Somos creadores en potencia y curiosamente, le damos muy poca importancia a como manejamos el lenguaje.

Para el antiguo pueblo de Egipto, las palabras estaban compuestas de magia y consideraban que eran capaces de dar y quitar vida. Tanto, que en algunos de los jeroglíficos que representaban a Ra, su dios creador, era una boca sobre un brazo (D21 y D36): el lenguaje y la acción.
Otorgaban tal importancia al nombre de las cosas, que mantenían en secreto el primer nombre de los niños, para que nadie tuviera poder sobre ellos.
Hoy, la física cuántica apuesta no por una realidad fija, sino por un infinito universo de posibilidades que se materializan cuando observamos, actuamos o hablamos.

Una sencilla prueba que podéis realizar en vosotros mismos: durante un par de días, utilizad sólo lenguaje positivo. Comenzad el día sintiéndoos agradecidos por lo que tenéis o verbalizadlo, hablad incluso hasta con la pared. Seguid así hasta la noche, aunque creáis que os han ocurrido cosas malas, aunque tengáis que hablar con vosotros mismos frente al espejo porque no os habéis cruzado con nadie.
Después probad a la inversa, un único día con palabras de desprecio, protestando constantemente.
¿Sabéis qué vais a conseguir? ¿Tan obvio y sencillo es? Entonces, ¿por qué no ponerlo en práctica cada día de nuestra vida?

Muchas personas dicen de sus animales que «parece que me entiende». Daría cualquier cosa por que supiera interpretar la cara y el cuerpo de su animal… Claro que les entienden, perfectamente; no saben leer nuestro lenguaje verbal, pero sí la emoción, la realidad que hemos creado al hablar y el impacto que hemos generado en el entorno.
Lo que es aún mejor: captan ese mensaje de una manera plenamente consciente, porque saben leer más allá de las palabras.

Os dejo una frase que llegó a mí hace tiempo, y que me provocó un vuelco al leerla. Cada uno es dueño de darle un significado:

«Cuidado con lo que me pides. Atentamente, el Universo»

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