La lucha imparable del roble

Nosotros velamos de día, dormimos de noche y entonces tenemos nuestros sueños. La cosa es distinta con el árbol, pues vela por espacio de tres estaciones, y sólo en invierno queda sumido en sueño; el invierno es su tiempo de descanso, es su noche tras el largo día formado por la primavera, el verano y el otoño.

(El último sueño del viejo roble, H.C. Andersen, extracto)

Hay muchas flores sobre las que podría hablar un primero de mayo, por lo que en particular tiene para mí, pero quizá debamos dedicar un momento especial a la esencia por excelencia de este día: el roble (Oak).

Estos hermosos y duros árboles pueden llegar a vivir mil años, y sirven de hogar a cientos de insectos. Su grueso tronco crece derecho, algo muy simbólico para un árbol bajo el que se impartía justicia en la antigüedad, y a cuyos bosques acudían los druidas en busca de muérdago.

El Dr. Bach la definía como la flor de los trabajadores y luchadores incansables, valientes ante la adversidad, aunque se trate de una lucha sin esperanza. Son personas que no pararán nunca, ni siquiera en la enfermedad, porque no son capaces de descansar.
Mientras escribo estas líneas, recuerdo los cuentos de hadas, que usaban a los robles como refugio, y las leyendas del dios griego Zeus, padre y protector, representado por este árbol.

Aunque ese admirable trabajo sin descanso, puede llegar a ser un arma de doble filo. ¿Dónde está el límite? ¿Realmente hablamos de lucha o de una terca ceguera ante la labor que acometemos? ¿A qué tenemos miedo si paramos?
Muchas de las personas «Oak» acaban presentando lesiones físicas o rigidez en sus miembros, por someter tanto su cuerpo como su emoción a un trabajo sin descanso.

Esta esencia nos ayuda a soltar esa presión y responsabilidad, a veces autoimpuesta, a entender la vida de una forma más fluida y no como un esfuerzo continuo.

Cuando verbalizamos frases míticas como «no puedo bajar la guardia», Oak nos muestra una vida más fluida y nos enseña a «permitirnos». Porque muchas veces, esas defensas que levantamos se construyen contra nuestras propias inseguridades, y no existe nada más sabio que cuidar de uno mismo y darse tiempo para el descanso.

Hoy te seguimos recordando, mi sabio roble.

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