La elegancia de la timidez. Mimulus

Hace un par de días asistí a un evento empresarial, pensado a modo de mesa redonda, donde distintos profesionales se supone iban a compartir cómo alcanzaban el éxito en un momento tan adverso.
Lo que prometía ser un espacio para compartir y aprender, acabó siendo una puesta en escena de grandes egos que vendían su empresa y a ellos mismos. ¿Generaron impacto en mí? Desde luego, aunque no precisamente positivo. Quienes sí lo hicieron fueron dos personas que con una exposición sencilla, sin pisar a nadie ni dar voces, con la intención de compartir aquello en lo que creían – y centrándose por cierto en el tema del evento – transmitieron su mensaje con una honestidad que llegó a la audiencia.

Volviendo a casa, pensaba en qué punto la sociedad ha decidido que el válido es quien habla más alto, que el líder fuerte es quien se impone sin miramientos. ¿Nos estamos perdiendo algo? ¿Es tan importante hacerse notar… de esa forma… para triunfar?

La imagen de mi gata me venía a la cabeza, como respuesta a todas aquellas preguntas. Nala es un ser tímido, con miedo a los ruidos, a los viajes en coche, a las personas que no conoce…  Cuando viene gente a casa, se queda en el pasillo mirando desde lejos y, muy poco a poco, se acerca a olisquear; si alguien intenta acariciarla, se aparta. Es mi «gatita mimulus». ¿Por qué?

Mimulus es una flor del sistema Bach, en el grupo de los remedios para quienes sienten temor. Nos ayuda a afrontar miedos cotidianos y conocidos, como una enfermedad, insectos, hablar en público…, aportándonos esa seguridad que a todos nos falta en ciertos momentos. Es perfecta para las personas tímidas, porque les permite superar esas barreras y traspasar esa cortina que les impide brillar.
En los animales, aporta igualmente seguridad ante temas como el transportin, un viaje, visitas en casa, o bien ante otros miembros de la familia que parezcan tener más liderazgo.

Es la flor tipo de mi hermana felina, y ambas me han enseñado a ver más allá de alguien que se queda rezagado en un grupo grande, o de un animal que se queda en una esquina si cortas papel de aluminio.
Detrás de toda esa timidez, se encuentra el ser más fuerte y más valiente que conozco. Ha plantado cara a cosas muy oscuras antes las que cualquiera de nosotros habría perdido, y no dudó ni un momento de la misión que había elegido cumplir.

Nala siempre está presente, incluso puedo sentirla con los ojos cerrados, porque su ser llena la habitación. Y lo hace con la mirada más elegante, y más sencilla que nunca he visto en un gato. Es curioso que a un alma tan inmensa le den miedo cosas tan pequeñas, pero es parte de su ser, y para mí, ella es perfecta.

La timidez puede ser muy elegante, y tenemos mucho que aprender de ella; a respetarla y no dejarla de lado si su voz no se oye entre la multitud.
A fin de cuentas, no hay sonido más potente que el silencio.