Esencia de fruta lunar. Granada

Nalita y yo paramos este jueves, para después salir a la calle junto a otras muchas mujeres (¡y muchos hombres!), para reclamar un derecho tan fundamental como es el de la igualdad.
Caminando junto a todos ellos, oías historias y comentarios de personas mayores que se manifestaban también, algunas porque habían tenido que dejar sus carreras profesionales para cuidar no ya a sus hijos, sino a sus suegros. Aunque también había muchos hombres defendiendo que la vida familiar es cosa de dos.

Combinar ambas esferas es ya de por sí un trabajo digno de admiración, y cuando el equilibrio entre ambas se rompe, siempre hay una parte que sale perdiendo y, por desgracias, suele ser siempre la misma…
Existe una esencia extraída de un árbol de origen persa con frutos rojizos, que nos ayuda a equilibrar estas dos dimensiones, y que acompaña de forma sutil la energía femenina: la esencia de la granada.

Ya en su forma natural, las semillas de este fruto recuerdan los óvulos femeninos albergados en el ovario, y quizá por eso resulte una esencia perfecta para todo lo que tiene que ver con la naturaleza femenina cuando hay falta de armonía, ya sea con temas menstruales, reproductivos…, incluso los temores a la maternidad y el propio embarazo.
Ser madre o no es un ejercicio de pura voluntad pero, si viene de un temor oculto o de una situación de rotura emocional, esa emoción no gestionada termina aflorando, y se refleja en el aparato reproductor o en los temas que tienen que ver con él.

Otras veces, la mujer sí ha formado una familia, y necesita compaginarla con una carrera profesional, lo que (al menos en mi entorno), cada vez resulta más difícil.
Mi abuela cuenta aún con dolor cómo tuvo que dejar un trabajo donde se la quería y apreciaba, porque necesitaba cuidar de su suegra. Este hecho ocurrió hace unos 50 años, pero muchas otras no han podido avanzar en este punto.
La esencia de granada ayuda en esa lucha interna, cuando la mujer desea una carrera profesional pero se ve frenada por la familiar, o en ese sentimiento de culpa cuando pasan tantas horas en el trabajo, que sienten de no han atendido su hogar como ellas quisieran.

Ante todo, somos seres creadores, de vida o de proyectos, de ideas, de libros, de arte; contamos con esta esencia para potenciar la naturaleza creativa femenina, que a veces se ve machacada por el entorno, o por las limitaciones que nuestra propia mente crea. La esencia de granada nos aporta equilibrio y luz para que podamos llevarla adelante.

Yo soy la orgullosa hija de un hombre que tenía una visión increíble de las cosas, para el que la casa y la familia eran algo de dos. Le reventaba oír tantas veces la manida frase «hay que ver cómo ayudas», a la que siempre respondía con un majestuoso «yo no ayudo, yo hago cosas».
El hombre serio que, cuando empecé con mis primeros trabajos, me dijo un mítico «recuerda que antes que mujer, eres persona»; aquel día me enfadé con él, desde mi exacerbada reivindicación de veinteañera. Pero más tarde entendí qué quería decirme, y hoy guardo esas palabras en el corazón.

Un hogar creado por dos personas es un proyecto común, y por eso es maravilloso. Ambas partes son igualmente responsables, no existen tareas específicas para cada género, y esa co-responsabilidad hace que el proyecto tenga éxito, porque se construye sobre el respeto.
Ayer, caminando por Madrid, fui parte de la historia, de una nueva etapa en la que hombres y mujeres construyen juntos, porque ambos son partes iguales de un yin yang perfecto.

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