Días de muérdago

La Navidad ya está aquí.

Quizá éste no sea el año con más espíritu navideño que haya vivido y, por lo que he comentado, tampoco para otros. Cuando los sentimientos se restringen a una época concreta, de manera artificial, la pérdida de la raíz es inevitable con el tiempo.
Pero tenemos la suerte de contar con ciertos elementos que nos acompañan a lo largo del año, y uno de ellos es el muérdago.

Ya los Celtas y los pueblos Galos conocían las propiedades mágicas de esta planta (en realidad hemiparásita), símbolo clave de sus druidas. Cuando el muérdago crecía sobre un roble, se consideraba una señal del Cielo, ya que este árbol representaba la fuerza divina.
Según el historiador romano Plinio el Viejo, un druida vestido de blanco lo recogía al amparo del sexo día de luna, con una hoz de oro (ahorramos el resto del ritual, por respeto a los pobres animales que estaban involucrados…).

Esa fuerza que representa el roble, es la misma que nos trae la esencia de muérdago, la fuerza para afrontar la enfermedad y el miedo. Nos devuelve el sentimiento de unión entre el mundo externo e interno, para entender que el conflicto casi siempre tiene su origen en un desequilibrio de nuestras emociones, de nuestra vida.
Por ello es una esencia clave en los procesos de cáncer, para acompañar a esas células que van muriendo mientras entendemos la enfermedad, para afrontarla así desde otra perspectiva.
En los momentos en que nos inundan los pensamientos negativos, en los que sentimos “tenemos algo encima que nos hunde”, esta esencia nos devuelve la esperanza y la voluntad para “desparasitarnos” y volver a sentimientos de luz.

Deseo que el espíritu de unidad del muérdago os acompañe en estas fechas. Recordad que todos estamos unidos, somos hijos de la misma Madre Tierra y, por tanto, hermanos.

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