De Coaching y gatos

Hay quien me pregunta cómo se puede acompañar a alguien en su proceso de Coaching, a través del animal. Mi única respuesta es «¿Acaso existe mejor combinación?».

El Coaching es un proceso mediante el cual un profesional (el Coach) acompaña a una persona (Coachee), para alcanzar una serie de objetivos, superar una situación que nos limita… Lo maravilloso de este proceso es que se trata de una relación de iguales, donde nadie sabe más que nadie, ni se facilitan respuestas ni dogmas.
Es el Coachee quien descubre cómo superar sus obstáculos, y descubre en su interior la llave para el éxito. El Coach sólo acompaña en este camino, y forma parte de este increíble viaje que supone la mirada a nuestro interior.
Pero sí hay unos maestros en este viaje: los animales, y ese papel de «espejo» que nos regalan.

Cuando comencé a trabajar con flores, eran en un primer lugar fórmulas principalmente para gatos. Durante esa primera sesión para entender qué ocurría, qué mostraba el animal… había que rascar más bien poco para entender que, quien realmente presentaba la situación, era la persona. El gato era el reflejo de lo que estaba ocurriendo en el interior de su humano.

Es más que posible que me fijara en estos detalles por mi propia experiencia.
Hace no tanto, estuve a punto de perder a mi Nala cuando se tragó un plástico rígido que le necropsó dentro, por lo que se conoce como «pica del gato». ¿Qué había llevado a la gatita más dulce y tranquila del mundo a una situación de tanto estrés?
No era ella quien lo tenía, sino yo. Las flores, el Reiki… no eran realmente para mi compañera, era yo quien lo necesitaba.
Cuando tomé conciencia del camino que estaba siguiendo, de todo cuanto estaba tapando, Nala empezó a recuperarse.

En mis momentos «abismo», Mojito empieza a dejar señales fuera del arenero. Es su forma de decir «mira dentro de ti y piensa qué estás ocultando».
Primero toca descomponer el ruido mental que hemos organizado alrededor de la situación que no queremos oír; después, mirar nuestra forma de afrontarlo, y a fin de cuentas abrazarla, porque es la nuestra. Y finalmente, elegir qué queremos hacer con ella para dar paso a la respuesta.
Trabajar con él, siguiendo los pasos que me marca, no ha sido un camino fácil pero sí maravilloso. Sabes que tu animal nunca va a mentirte, que todo cuanto te muestra es cierto, porque el amor que te profesa es el más puro: ambos sois la misma esencia.

Los abismos pueden dar vértigo, pero no vamos a caer: nuestro gato nos da la pata, para ser la tierra que nos falta.