Cuando limpiar tu hogar cobra otro sentido

En ls últimos años, parece que la decoración de nuestra casa ha cobrado una importancia que quizá no haya tenido desde la Edad antigua.

Cuidamos cada detalle, cada material, cada tejido; no sólo para que tenga un efecto decorativo, sino para que armonice el conjunto (creo que he oído la palabra “zen” más veces en los últimos años, que en toda mi vida).  De hecho, muchas personas alrededor del mundo han hecho de esta tendencia, toda una carrera en YouTube e Instagram.

Sin embargo, ¿cuánto tiempo dedicamos a limpiar y armonizar el espacio que habitamos? Y no hablo de la simple limpieza a nivel higiénico, sino a una más profunda: la de los impactos emocionales que reciben las cuatro paredes que conforman nuestro hogar.

Precisamente es ahora cuando más tiempo estamos pasando en casa, viviendo una situación en la que cada día se emiten impactos no del todo positivos.

Incluso en momentos pasados más normales, hemos llegado a casa después del trabajo, trayendo todo el estrés de la calle; hemos tenido discusiones en casa, momentos de estrés, o vivido situaciones poco amigables con los vecinos. Toda esta carga se queda impregnada en el espacio al que llamamos hogar, y creo que tan importante

Por suerte, gracias a corrientes como el Coaching, Mindfulness o nuestro amado Yoga, estamos tomando consciencia del efecto que nuestras emociones, pensamientos y palabras tienen sobre nuestro cuerpo y nuestra vida; trabajamos sobre ellas para ser más felices y poder pasar por este planeta de una forma más agradable.  ¿Por qué no aplicar ese mismo principio al lugar que nos sirve de refugio?

Tenemos a nuestra disposición herramientas tan sencillas y potentes como el sempiterno incienso, los cuencos, las campanillas con las que hemos crecido, el agua de florida, y por supuesto, nuestras maravillosas esencias: desde nuestro viejo y querido Crab Apple, el Muérdago, el Spray Áureo de Mediterráneo o mi gran amigo Clean Up.

Precisamente este elixir que me tanto me viene acompañando de un tiempo a esta parte, ha sido protagonista de una limpieza algo peculiar que he realizado

Muchos sabéis que ahora mismo estamos de reformas en casa; la reforma de la reforma, como yo le llamo, porque hicimos otra hace apenas año y medio, con un resultado del que mejor no entraremos en detalles. Esa situación que vivimos, y que confieso no gestioné, generó en mí unas emociones altamente negativas, que pasé tanto a mis compañeros felinos, como a la nueva casa.

Ahora que todo ha quedado abierto, y que se han retirado muebles y yeso, ha quedado expuesta parte de esa historia. Hace un par de noches, me descubrí sentada en suelo de la cocina, mirando aquel suelo sobre el que tanto yeso y pegamento había caído, sin el más mínimo cuidado. Como un resorte, me puse a limpiarlo primero, y después, sintiendo que hacía falta que le cuidara todavía aún más, cogí agua limpia en la que puse Clean up y lo estuve fregando. Para sellarlo, rocié toda la superficie con Espada de luz, con la intención de liberar todo cuanto allí se hubiera quedado atrapado.

¿Por qué esa limpieza? Porque toda aquella zona, al igual que yo, también había recibido el impacto negativo tanto de las personas que anteriormente había dejado allí “suciedad”, como la de mis emociones cada vez que veía aquella zona.

¿Cómo podría estar bien, si en el espacio con el que comparto mi vida, tenía atrapada tanta negatividad?

Ahora ambos estamos en proceso de limpieza, transmutación y, en una palabra, libertad. Partimos de un lienzo en blanco, sobre el que ahora sí, puede germinar algo muy bueno, porque hemos preparado el terreno.

Podemos blindar nuestro hogar, hacer de él un espacio en que sólo penetre la luz y la energía positiva: en eso consiste tener “un oasis”, un “descanso del guerrero”, “un espacio zen”.

Quizá no sea sólo una opción, sino un ejercicio de respeto y protección hacia el lugar que habitamos, los animales que viven en nuestra familia, y hacia nosotros mismos.

Con amor,

Cristina

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