Cuando cruzamos el arco iris. Espino blanco

En el gran ciclo de la vida, cada uno de nosotros dibuja un perfecto camino circular, en el que el punto inicial y el final se unen.
Muchos creen que simplemente nos convertimos en hierba y tierra, para dar vida a los árboles y a otros seres. Otros, que emprendemos el viaje de regreso al cielo del que venimos. Pero en ambos casos, ¿quién nos prepara para ese momento?

En los últimos meses he visto partir a varios amigos animales. Nuestra Pepa, nuestra burrita blanca de Winston con más genio que nadie, Capitán, mi pequeño amigo Max… y hace poco mi querido guerrero Toro sentado, el gran león Simba, cruzó el arco iris.

Incluso cuando entendemos que éste no es sino un viaje con billete de vuelta, que no desaparecemos realmente, gestionarlo puede ser muy difícil, tanto para humanos como para animales. El dolor es inevitable, pero sí contamos con la ayuda de la naturaleza para aliviar el sufrimiento: el espino blanco.

Curiosamente, esta flor se utiliza en medicina natural para regular los latidos del corazón, y tiene también propiedades sedantes. En realidad es un arbusto lleno de espinas, pero de sus flores se extrae una de las esencias del Mediterráneo que nos ayuda a sanar ese corazón, y a elaborar el duelo.
No sólo hablamos de la muerte, sino de cualquier pérdida: un amigo o una persona que formaba parte de nuestra vida, el dolor por una separación física forzosa… Ese dolor puede llegar a cronificarse y cambiar nuestro carácter, o manifestarse en nuestro cuerpo con un impacto directo en el sistema inmune.
Esta flor nos permite soltar aquello a lo que nos aferramos, soltar el dolor y la rabia, para continuar con nuestra vida, permitiendo con los otros sigan también con su camino.

El espino blanco fue una de las flores que ayudaron a Horus cuando llegó a casa. Acababa de perder a su humana y su casa, y los llamaba incesantemente por la noche, buscando una vida que ya no existía.
Hoy él sigue sintiendo esa falta, pero su emoción está en otro sitio muy diferente. Personas tan maravillosas como Mariví o Fiona han sido claves para sanar su cuerpo y su alma, acompañando siempre esta flor para que no se dejara morir, y pudiera al menos decidir si quería darnos una oportunidad como su nueva familia.

Recordemos una de las leyes naturales fundamentales: la material no se crea ni se destruye. Porque aunque la separación sea física, en el gran ciclo de la vida, todos seguimos conectados.

Comentarios

  1. Vicky 17 diciembre, 2017 at 10:19 pm

    Que acertado este escrito, a finales de año se producen despedidas…como si un ciclo se cerrara.
    Gracias por tu generosidad.

  2. Fiona 18 diciembre, 2017 at 10:15 pm

    Gracias Cristina, que bonito lo escribes y describes. Hoy justo iba a pedir tu ayuda y veo esta entrada. Gracias universo por poner las flores que nos ayudan a avanzar y a seres como tú Cristina en mi vida.

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